Desde mi trinchera. La verdad os hará libres. Día 6. 13/05/2020

13.05.2020 12:59

Desde mi trinchera

 

Día 6

La verdad os hará libres.

13/05/2020

 

«Quien se aleja del relato oficial no forma parte de ‘’la cultura’’». Este pensamiento no es mío, ni siquiera sé de quién es, pero su recuerdo me ha venido esta noche a la mente. Si hay un rasgo que comparten todos los poderes absolutos (valga la redundancia) es la lucha compulsiva por el control del relato, de la historia. «Nadie más que yo puede contar lo que está pasando, o lo que ha pasado. Solo, yo, oráculo de Delfos, o representante de los dioses en la tierra estoy legitimado para contar ‘’la verdad’’, ‘’mi verdad’’; y los que se aparten de ella son unos rebeldes, o subversivos, o herejes, o fabricantes de bulos a los cuales tengo que perseguir porque contaminan mi relato, y por lo tanto mi legitimidad para gobernar».

En el fondo, la humanidad no ha cambiando tanto en los últimos 2.000 años. Y el poder menos. Un gobernante que no controla, que permite que ciudadanos libres corrijan su visión de la historia, discutan su relato de los hechos, se ve obligado a gobernar bajo perpetuo escrutinio, y sus fechorías (porque siempre que hay poder hay fechorías) salen a la luz y hacen que se tambalee.

Los gobernantes del paleolítico se apoyaban en chamanes, ellos eran los únicos que podían interpretar la voluntad de los dioses, única fuente de legitimidad del poder entonces. Luego los chamanes evolucionaron y se profesionalizaron, pero siguieron haciendo lo mismo: monopolizar el relato de la historia y apoyar al poder. Muchos humanos (no podemos decir propiamente ciudadanos) que pretendieron discutir este monopolio alieante y se opusieron frontalmente pagaron con su vida tal atrevimiento y hoy tan solo son una mota de polvo en el recuerdo. Otros buscaron el disfraz de las artes para burlar la ley, pero tan solo algunos genios (como Cervantes, Thomas Mann, Solzhenitsyn, Antonio Machado, Salman Rushdie…) consiguieron sobrevivir zigzagueando sobre las olas de la represión a base de talento y valor, pero realmente ninguno de ellos pudo cambiar las cosas. Las cosas las cambian otros, los llamados revolucionarios, pero casi siempre en cuanto alcanzan el poder lo primero que hacen es conspirar para conseguir el control de la historia, como habían hecho los anteriores. El monopolio de la historia, el control del relato, forma parte del botín de los ganadores.   

Ahora no solo es importante controlar ‘’el relato’’, también lo es controlar ‘’el medio’’. Sin el control de los medios de comunicación (en sentido amplio) hoy es imposible tal tarea, y además exige grandes dosis de imaginación (y de dinero, mucho dinero). También  hay que apropiarse del lenguaje. Por ejemplo, no se puede hablar, como siglos atrás, de censura: se habla de subvención o apoyo a la cultura; es mucho más eficaz. El resultado es el mismo, pero los medios son más elegantes. Por cierto, ‘’Cultura’’: otra palabra prostituida en aras del control del relato. Solo es cultura lo que forma parte del relato oficial. Como siempre, vamos. Y por desgracia, esto pasa por doquier, aunque verdad es que en unos regímenes más que otros.  

Encima ahora, para acabar de liarla, aparece una cosa que se llama Internet, redes sociales, un engendro, un caos sideral donde la gente dice lo que le da la gana. No solo eso, además, muchos escondidos en el anonimato y tras máscaras carnavalescas se permiten cuestionar una tras otra todas las verdades oficiales. Los nuevos chamanes guardianes de la ortodoxia rechinan los dientes y prometen desde pantallas amigas castigos ejemplares para estos herejes. «¡No era eso! La libertad no era eso. La libertad es lo que nosotros decimos que es». Incluso en algún gran país del mundo el gobierno intenta ejercer un control férreo sobre todo lo que se publica en Internet.

Fue revolucionario lo que Jesús dijo a los judíos que le seguían: ‘’La verdad os hará libres’’; pero la realidad es que la verdad, entonces y ahora, pocas veces hizo libre a nadie; siempre fue una mercancía peligrosa, casi radioactiva. Por eso, los que la conocen la guardan celosamente, para compartirla a cuentagotas o para manipularla sin decoro.  

Hoy, los gobernantes de los distintos países aún no saben cómo controlar esa pequeña fuga de información, ese desahogo pueril y muchas veces grotesco de una sociedad anestesiada que constituyen las redes sociales, pero están en ello. Y los países que presumían de abanderados de las libertades públicas y muy especialmente del derecho de opinión y expresión (como nuestro entorno europeo), ven aparecer en el horizonte la amenaza del viejo vicio del poder de controlar el relato, la historia.

Muchos no ven el peligro, otros prefieren no verlo. O quizás el peligro no exista y todo esto sea el mal sueño de una noche de primavera; una alucinación más producto de 60 días de confinamiento. A lo mejor el confinamiento tampoco existe y esto me lo estoy inventando ahora en un nuevo bulo que voy a trasmitir por las redes sociales.

 ‘’La verdad de las mentiras’’ , que dijo Vargas Llosa cuando aún era Vargas Llosa.

 

Día 6

Desde mi trinchera

José Manuel Sánchez Chapela.

Tema: Desde mi trinchera. Día 6. 13/05/2020

Desde mi trinchera

MLB 24.06.2020
Mis felicitaciones. ¡ Pero qué enorme placer leerte!.

Desde mi trinchera.

Mercedes s. Ch. 13.05.2020
Siempre das en la diana, pero quién lo escuchá?, Çada día nos hacemos más mulos y nos gusta que nos alaben, sino es así nosalabamos nosotros.eso deben enseñar en las reuniones de partidos, y lo aprenden muy bien. A juzgar por lo que nos enseñan.felicidades, me gustan mucho esas reflexiones que haces sobre los momentos que vivimos.

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