Desde mi trinchera. Día 3

31.03.2020 21:45

Desde mi trinchera

Día 3 

31.03.2020
 

 

Llevamos 16 días de confinamiento y aún nuestra mente se niega a asumir la dimensión de lo que nos está pasando. Desde mi trinchera se ve el campo de batalla lleno de cadáveres y los hospitales de campaña están atestados de heridos, algunos de ellos muy graves. No era lo que nos habían contado cuando comenzó esta guerra. El maremagnun de cifras que nos aportan los partes del día y la avalancha información nos tiene en estado de shock, incapaces de pensar. Altos mandos que sin pudor desprecian el valor de la vida de los mayores o enfermos; otros que pasan de un día para otro de ridiculizar la amenaza a salir aterrorizados en televisión ordenando confinamientos medievales como única estrategia defensiva; gestores manifiestamente incompetentes dirigiendo las operaciones sin haber previsto la logística de abastecimiento; oportunistas políticos que intentan aprovechar la situación para ganar poder… todos ellos coexistiendo con una miríada de héroes anónimos que día a día hora a hora, minuto a minuto combaten el virus en primera línea poniendo en riesgo su vida por una carencia de medios y de previsión impropia de esta época. La especie humana mostrando descarnadamente sus dos caras, sus dos almas: el bien y el mal, ángeles y demonios, la luz y la tinieblas. 

Pero todo eso está en la prensa, en las redes, en la mente de todos y cada uno de nosotros, y a mí me gustaría abstraerme por un momento de la inmediatez de las noticias y echar una mirada diferente. 

Pienso que estoy teniendo el privilegio de vivir uno de los momentos claves en la historia moderna de la humanidad. Sé que esto puede sonar petulante o ridículo, incluso insensible, pero no lo es. Es como si un dinosaurio se recreara desde la inmensa atalaya de su cuello inacabable en la observación y análisis de la caída del famoso meteorito y la sorprendente extinción de su especie (incluyéndole a él, seguramente el primer filosofo que pobló este planeta), o como si un patricio romano de finales del siglo V se sentara en su cathedra con su túnica dorada y una copa de vino toscano en un mano a contemplar desde su villa como las huestes de Alarico arrasaban su ciudad, su mundo, e iniciaban el derrumbe de un imperio milenario que parecía más eterno que el mismo cosmos. Pero yo ni soy un dinosarurio, ni un patricio romano, solo soy un observador, uno que mira. ¿Y qué veo? Veo que la naturaleza nos ha dado jaque. Y nos lo ha dado a través de un peón pigmeo y ridículo. No nos ha mandado a un poderoso alfil capitaneando un nuevo diluvio universal o a su reina arrastrando tsunamis apocalípticos. Tampoco nos ha enviado meteoritos ni volcanes ni terribles terremotos que engullan continentes. No, la naturaleza no nos ha enviado a su cuerpo de élite, a sus jenízaros invencibles o a sus tercios de Flandes; nos ha mandado una diminuta molécula con forma de pelota de goma que no puede ni plantar cara al jabón y que ante el alcohol o la lejía huye aterrado. Pues bien, este insignificante adversario nos está arrinconando por todas partes. A través de ese minúsculo mamarracho y con una técnica de ataque copiada del caballo de Troya la diosa tierra nos ha dado jaque, y nos hemos quedado estupefactos. Hasta Donald Trump con su inmenso poder y con su tupé demodé ha quedado descolocado, como un Nerón pelirrojo que toca la lira con sonrisa bobalicona mientras su Roma arde por todas partes. Este enemigo invisible nos ha atacado por el flanco más débil, como un mosquito atacaría a un elefante, nos ha atacado aprovechándose de nuestra infinita arrogancia, de la confianza absoluta que tenemos en nuestro poder. El gran Julio César fue advertido de un grave peligro que se cernía sobre él, y con suicida arrogancia desdeñó el consejo del vidente y un 15 de marzo se tiñó de sangre. «¡Va, un virus! No me hagas reír», decían 2.000 años después en nuestro cuartel general los primeros días de marzo. Y David tumbó a Goliat. 

¿Qué tipo de inteligencia colectiva tiene ese ejercito de clones que nos ataca por todas partes y nos arrincona en nuestras casas? ¿Tendrán ellos estadísticas y gráficos como nosotros? ¿Tendrán cuadro de mandos y estrategia de ataque? ¿Tendrán soporíferas ruedas de prensa como nosotros, en las cuales sus generales les suelten vulgaridades como si fueran boxeadores sonados? ¿Tendrán divisiones de reserva para cuando exterminemos a esta primera oleada? ¿Tendrán nuevas armas? No lo sabemos, porque no sabemos nada. No tenemos espías infiltrados en sus líneas (dicen que el año próximo lo tendremos: lo llaman vacuna, pero hay que esperar).

 Pero tenemos otras cosas. Tenemos héroes que todos los días arrancan de las fauces de la muerte a miles de los nuestros y que reciben nuestro aplauso diario desde los balcones a la 8 en punto de la tarde, como si fueran cantantes de ópera. También tenemos talento, infinito talento, que cuando se une y si dirige adecuadamente (con líderes competentes y decididos) acaba plantando cara a cualquier desafío de la madre tierra, y tenemos valores, valores que van más allá de la defensa de la vida de cada uno, valores que nos han hecho lo que somos: una civilización. Y tenemos a Shakespeare y Shakespeare dijo: «Cuídate de los idus de marzo». 

Ahora nos dicen que nos quedemos en casa. 

 

 

Desde mi trinchera.

 

Día 3.

Tema: Desde mi trinchera. Día 3

Desde mi trinchera.

Florian 04.04.2020
José, parece tu relato una película de ciencia ficción, las que vemos y creemos que es una exageración y resulta que puedes que te quedes corto, espero que no sea así. Después de lo que estamos viviendo , habrá un antes y un después.
Esperemos el cuarto capítulo ¡.

Desde mi trinchera

Mercedes 01.04.2020
Muy certero. Es la primera guerra mundial del siglo XXI contra un enemigo invisible. Todos los días esperando el parte de heridos y muertos y sin vislumbrar la victoria sobre el bicho. No quiero pensar que haya sido intencionado

Desde mi trinchera

Mar 01.04.2020
Nos creíamos el centro del mundo, que del mundo, del universo. Y estamos asombrados y descolocados ante la tremenda osadía de un bichejo que está intentando acabar con la humanidad. En nuestras manos está impedirlo y reflexionar sobre ello, como tú haces, ayuda, o eso espero.

Desde mi trinchera

JLC 01.04.2020
Muy bien Jose, difícilmente se puede plantearl y desarrollar mejor.

Re: Desde mi trinchera

Jose Manuel 01.04.2020
Muchas gracias.
Espero y confío que esta serie acabe pronto, por finalizar la pesadilla que la ha originado.
Un cordial saludo.

Fernando y Josefina 31.03.2020
Completamente de acuerdo
Suscribimos tu reflexión
Un abrazo a los dos

Re:

Jose Manuel 01.04.2020
Muchas gracias, amigos.
Cuidaos mucho
Un abrazo

Desde mi trinchera.

Mercedes Sánchez chapela 31.03.2020
Muy certero, has reflejadomuy real el martirio que está causando un bichejo tan pequeño y feo, que cae hasta los sanadores y estamos los sanos temiendo ser el siguiente enfermo que sucumbe. Es como la antesala del infierno.

Re: Desde mi trinchera.

Jose manuel 01.04.2020
Muchas gracias.
Esperemos que esto acabe pronto.
Un beso muy grande,

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